- ¿Pero vos crees que el gato saltaba a un fantasma, tarado? - lo enfrenté.
- No... No... Pero... - tartamudeó, como siempre que se pone nervioso. Al notar que yo no iba a dejarlo en paz agregó - Yo vi cosas raras, Lucho.
- ¿Qué cosas raras? Y no me llames así, mi mamá se ocupó de ponerme un nombre decente, no lo arruines.
Agustín tomó un trago de cerveza antes de decir, sin mirarme y con algo de vergüenza.
- Ya te dije. Varias veces vi sombras raras y... Vi imágenes en el espejo... Y la sombra que la sigue a la tía... -
- Yo no lo puedo creer... ¡Tu tía es una mujer mayor, que cree que el chat es un invento demoníaco! Pero vos... ¡Vos! Sos un boludo, que querés que te diga.
Crucé la habitación, hasta la ventana y miré hacia afuera, al jardín. Me hubiera divertido mucho más con la situación de no ser que estaba preocupado por mi economía tambaleante. Por más hospitalarios que Agustín y su tía fueran, no podía quedarme ahí indefinidamente.
- Hay mucha gente que cree en fantasmas. Mucha más de la que lo reconoce. Sin ir más lejos, acá a la vuelta, una amiga de la tía dice que su casa está embrujada - se defendió Agustín.
- Este es un barrio de chiflados. - lo interrumpí.
- ¡No! Es normal creer que hay cosas que no se entienden.
- Si yo no tuviera escrúpulos, - dije- les sacaría hasta las medias a esos tarados, convenciéndolos de que puedo limpiarles las casa de fantasmas. Imaginate: llegás con un par de velas, o mejor todavía, con máquinas medio raras, hacés un par de rituales, te aprendés algo de palabrería científica y todos esos giles... - de repente, la idea surgió en mi cabeza como si hubiera caído de algún lado. Miré a Agustín, y solté una carcajada.
- Pero si yo no tengo escrúpulos - susurré.
- ¿Qué querés decir con eso? - Agustín me miró preocupado, pero yo me negué a responder, mientras el plan comenzaba a delinearse en mi cabeza.
Que buen plan, para montar una empresa cazafantasmas.
ResponderEliminarEntrtenido relato...!!!
Un abrazo
Gracias Merce, muy amable.
ResponderEliminarAbrazo.